Ayer se cortó la luz al mediodía en mi pueblo, no sabía por qué, pero estaba triste.
A las 14 hs. aproximadamente volvió el servicio. Encendí la radio, me enteré que había sido porque un cable del alumbrado público se había cortado y caído impactando contra Karina Tartuferri, que iba en bicicleta por la Avenida principal con su hija, y que la habían trasladado al Hospital Penna de Bahía Blanca. Al rato me enteré de su muerte. Su hija, Paz, de 4 años se salvó de milagro.
Karina estaba embarazada de Fátima, llevaba 5 meses y medio de gestación.Tenía 33 años. Era una persona muy querida en Sierra de la Ventana, de la misma manera que su familia.
"La Negra Tartuferri", era una morocha de sonrisa contagiosa y amplia, una mujer fuerte, alegre, a la que siempre admiré por su actitud ante la vida. De mirada desafiante, apasionada, generosa, buena gente. Que tardaba mucho en hacer los mandados porque se ponía a charlar con cada persona que se encontraba en el camino.
¡¿Cómo es posible que una persona salga a andar en bicicleta por la Avenida San Martín, y se muera electrocutada?!.
En Sierra de la Ventana desde ayer respiramos tristeza e indignación.
La última vez que charlé con ella fue hace un mes caminando por esa misma avenida, me contaba de unos pesebres que estaba armando, de lo grande que estaba Paz, y de su embarazo. La vi feliz.
Me cuesta hablar en pasado. Se me atropellan palabras, rabias, impotencias. La recuerdo en momentos de alegría, contando anécdotas. Se me mezclan emociones. Sin dormir. Con la mirada presente de su mamá, su marido Gustavo, su hermano y todos los familiares, amigos y conocidos que vi, desde ayer a la tarde hasta hoy al mediodía. Con los relatos y silencios. Con esa lluvia persistente, que tuvo dos interpretaciones según vecinas que escuché:"-dicen que cuando se muere alguien muy querido por mucha gente el cielo llora". "-Karina está contenta, por eso manda lluvia con esta sequía."
A muchos no pude saludar, y tampoco pude entrar a la sala velatoria. Me paralicé en la vereda, de a ratos, miraba a la gente, al cielo, a la tierra, a la nada, quería tirar piedras, gritar, pero nada iba a devolvernos con vida a Karina, pensaba. No podíamos creer con mis amigas Carola y Ceci lo que había pasado (aunque hacía horas que lo sabíamos) nos mirábamos más allá de la mirada, nos tomábamos de las manos, nos apoyábamos en la pared. Veníamos de estar durante la madrugada y mañana en la casa de su mamá.
Hoy en el cementerio, su madre Delia nos dijo:"-gracias a todos por venir, veo en cada uno de sus rostros como amaban a mi hija." Delia, la mejor pastelera y cocinera del pueblo. Delia, la mamá de Karina y Richard. Amiga de oro de sus amigas. A la que también siempre admiré como mujer. Una luchadora, con sentido del humor, sensibilidad y coraje.
Todo un pueblo llora. En el velorio cuando subieron el cajón al coche fúnebre, aplaudimos, con la calle cortada por la cantidad de gente. Gesto de querer ahuyentar al espanto. De acompañar a su familia. De...
No la despedimos, estará siempre en nuestra memoria.
No quiero entrar en lugares comunes, pero la muerte es la única certeza. Y la muerte injusta de Karina con la beba que gestaba, me trajo el registro de todas mis muertes.
Un cable, un maldito cable, que hacía 15 días habían cambiado empleados de la Cooperativa Eléctrica en el alumbrado público, se cortó.
La muerte, la maldita, vino en ese cable.
Esta noche a las 21 hs. apagaremos las luces de nuestras casas, y nos reuniremos con velas en la Avenida San Martín entre Iguazú y Bahía Blanca. Pediremos justicia. Recordaremos a Karina.
Comparto también las palabras que Patricio Eleisegui escribió sobre Karina en su blog
Ríos de roca y madera (para leer su posteo, clickear sobre el nombre del blog).